lunes, 1 de septiembre de 2014

D0CUMENT@LES 2

EULALIO GONZALEZ 
"PIPORRO"
(1921-2003)





Nació en Los Herrera, Nuevo León, el 16 de diciembre de 1923. Actor característico del tipo cien por ciento norteño de México. En su niñez viajó por varios estados del norte de la República en compañía de su familia, ya que su padre era empleado de aduanas.

Estudió contaduría y fue estenógrafo, pero sus inclinaciones artísticas lo llevaron a imitar cantantes en la radiodifusora XEMR de Monterrey.

Aún era muy joven cuando llegó a la Ciudad de México, con el propósito de ingresar como locutor a la XEW, la cual en su decir: “en aquel entonces era un castillo para todos los que habíamos empezado en provincia” (A fin de cuentas, el Piporro y yo nos parecemos mucho: Eulalio González. Primera parte. Por César Güemes, El Financiero, sección cultura, 2 de noviembre, 1995. P. 47.)

Su personaje El Piporro fue creado para la serie radiofónica Ahí viene Martín Corona (1948), transmitido por la XEW y protagonizada por Pedro Infante. La serie fue todo un éxito. El público gustó mucho de las aventuras del afamado Martín Corona y de su escudero Piporro, viejo sesentón del norte de la República, a quien debía caracterizar –el por aquél entonces veinteañero— Eulalio González.

Tanto fue el éxito de la serie que Miguel Zacarías la llevó al cine: Ahí viene Martín Corona (1951). Si bien en la radio Eulalio González era una ‘especie de padre de crianza de Martín Corona’, según palabras del propio actor, la imagen del joven no correspondía a la de aquél escudero, por lo que el maquillaje lo convirtió en el viejo simpático y gruñón que el público había imaginado al escucharlo por la XEW.
Poco tiempo después, fue el propio Pedro Infante quien presentó al Piporro en el Teatro Lírico para que la gente lo conociera tal y como era. Luego de esa temporada, vinieron las presentaciones en otros teatros de revista y actuaciones en el cine.
"PIPORRO" JUNTO AL ACTOR Y LOCUTOR LEON MICHEL



Es autor de cerca de 100 canciones tales como: El taconazo, Melitón el abusón, Agustín Jaime, Chulas fronteras, El terror de la frontera y El ojo de vidrio, cantadas y actuadas por él mismo con su estilo muy peculiar, que agradaba a quienes en su momento las habían escuchado.

Eulalio González, además, es autor de guiones cinematográficos como El Pocho (Dir. Eulalio González Piporro, 1969). De esta película se dijo: “la película que Eulalio González Piporro produjo, escribió, actuó y dirigió, buscando más la taquilla, que a algún crítico que se fijara en él como autor cinematográfico, continúa, al menos por ahora recaudando pesos mexicanos…” (El Pocho o el café con alma de blanco. Por José Carlos Méndez. Cineclub, Año 1, No. 2, enero de 1971. P.P. 46-47)


También como guionista, El Piporro ha escrito muchas películas que él mismo ha interpretado, como es el caso de El macho (Dir. Rafael Villaseñor, 1987), una sátira contra el machismo. Otras de sus historias, que ha escrito para la pantalla grande esperan ser producidas. Tal es el caso de los guiones: La barriada y El hombre del acordeón. (¡Ajúa, Pues! Piporro escribe guiones. Desea devolver la comedia a nuestro cine. Por Tricia Becerril. El Sol de México, sección de espectáculos, 10 de junio de 1987).

En 1999 Eulalio González presentó su libro Autobiogr…ajúa y anecdo…taconario, donde según Carlos Monsiváis: “hay decenas o centenares de refranes que inventa. Yo creo que desde la Edad Media, nadie había inventado tantos refranes como él. Entre otros soportes, su humor requiere de la agilidad magnífica para, por así decirlo, improvisar la tradición”. (Piporro, un gran improvisador de la tradición: Monsiváis. Por Arturo García Hernández. La Jornada, sección cultura, 28 de marzo de 1999. P. 28).


Por último, El Piporro sintetiza así su oficio como escritor de cine: “Un actor cómico no debe reducirse a decir en el cine, teatro, radio o televisión, lo que a otra persona se le ocurra escribir, sino participar en la confección de argumentos y hasta de diálogos, para dar un punto de vista personal que se ajuste más a la psicología del personaje por interpretar”. (El Santo Rey de la pantalla grande. Por Jaime Ramírez. El Financiero, sección espectador, 21 de noviembre, 1998. P. 48)


ELSA AGUIIRE LA PROTAGONISTA JUNTO A DON EULALIO GONZALEZ


..Eulalio González “Piporro” vivió sus últimos años alejado de los reflectores y en compañía de su familia.


La última película en la que participó fue en Ni parientes somos (1990) a lado de la afamada banda norteña Los tigres del norte. “Piporro” falleció entre sueños la madrugada del 1 de septiembre de 2003 en su casa de Monterrey, a causa de un infarto al miocardio.Un día antes había conducido un evento en el que le rindieron homenaje a su amigo Oscar Chávez en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.
ANA BERTHA LEPE Y EULALIO GONZALEZ





PELICULAS:
entre 1952 y 1959, “El Piporro” participa en 37 películas, ello gracias, entre otras razones, a que en eso mismo periodo la industria fílmica mexicana se di el lujo de producir un promedio de cien películas por año, aunque, justo es reconocerlo, la gran mayoría fueron realizadas a bajo costo y estaban dedicadas no precisamente para competir en festivales internacionales o para cubrir las expectativas de los cada vez más exigentes públicos europeos, sino para divertir a un público masivo en México, América Latina y el Sur de los Estados Unidos que todavía no podía tener acceso a los aparatos de televisión. Cabe aquí señalar que para 1959 ya operaban  en el país cerca de 450, 000 televisores y que el consumo en ese rubro crecía día a día. Puede inferirse, entonces, que con esa cantidad de aparatos receptores, la industria cultural televisiva ya se había convertido, ahora sí, en una serie amenaza de competencia para el medio fílmico nacional.


ANTONIO BADU, EULALIO GONZALEZ Y ANTONIO AGUILAR

Entre esas 37 películas que llevaron en sus créditos el nombre de a Eulalio Gutiérrez hubo de todo, pero principalmente comedias y dramas de aventuras. Sin alcanzar todavía un papel “estelar”, “El Piporro” fue moldeando su personaje y adquiriendo cada vez más experiencia frente a las cámaras y mayor presencia en las pantallas. De esa considerable lista de filmes habría que destacar sus notables y respectivas participaciones en “El mariachi desconocido” (Gilberto Martínez Solares, 1953), en la que actuó al lado del genial “Tin Tan”; en la trilogía “westernista” de “El Águila Negra”, dirigida en 1953 por Ramón Peón, protagonizada por Fernando Casanova; en “Cuidado con el amor” (Miguel Zacarías, 1954), “Los gavilanes· (Vicente Oroná, 1954) y “Escuela de música” (Miguel Zacarías, 1955), las tres protagonizadas por Pedro Infante, acaso el principal mentor del cómico norteño; en “Píntame angelitos blancos” (Joselito Rodríguez, 1954), que le valió ser considerado para terna del Ariel como mejor actor de cuadro y, sobre todo, en “Espaldas mojadas” (Alejandro Galindo, 1953), que tras superar una absurda censura fue estrenada en junio de 1955  y permitiría que don Eulalio ganara, ahora sí, el Ariel como mejor actor de cuadro en la entrega de ese premio celebrada en 1957. Las apariciones de “El Piporro” en el papel del bracero “Alberto Cuevas”, trabajador de una expoliadora y explotadora empresa ferroviaria estadounidense, son sencillamente magistrales gracias a su afanosa verosimilitud y, sobre todo, porque revelan las enormes capacidades histriónicas del intérprete, que hasta ese momento tenía acostumbrado al público a  una serie de intervenciones más bien graciosas y dicharacheras. 


EULALIO GONZALEZ JUNTO A LA BELLA VEDETTE CUBANA ROSITA FORNÈS

No estoy absolutamente seguro de ello, pero hay signos de que el Ariel obtenido por su papel en “Espaldas mojadas” perfiló al “Piporro” hacia el estrellato fílmico; prueba de ello son la notable cantidad de sus apariciones en películas filmadas entre 1958 y 1959, mismas que suman un total de 17. Eso quiere decir que en tan sólo un bienio el actor participó en un promedio de 8 cintas  por año, mientras que entre 1952 y 1957 lo hizo en un promedio de 3 obras fílmicas por año.  Creo conveniente señalar aquí que durante la década de los cincuenta se agregaron a la lista de estelares figuras cómicas del cine mexicano casos como los de Antonio Espino “Calvillazo”, Manuel “El Loco” Valdés y las parejas integradas por “Viruta” y “Capulina” y por Alfonso Arau y Sergio Corona.



En la primera secuencia de “La nave de los monstruos”, cinta que sin duda prefiero a “La Valentina”, vemos al “Piporro” ataviado de típico norteño, montando su caballo e interpretando una canción muy quitado de la pena ante la amenaza de invasión extraterrestre que se cierne sobre nuestro planeta. Era esa la confirmación de los rasgos de su personaje, elaborado en pantalla desde la época de “Ahí viene Martín Corona”. Como todo buen cómico que se respete a sí mismo (en el cine los casos más emblemáticos de ese auto respeto serían los de Max Linder, Charles Chaplin, Buster Keaton, Harry Langdon, Harold Lloyd, Jacques Tati y, más recientemente, Woody Allen), “Piporro” sería fiel a tal figura no obstante que varias de las cintas por él protagonizadas no se ubicaran en la atmósfera propiamente norteña o en la del western a la mexicana, que para el caso viene a ser casi lo mismo. Aunque sus antecedentes más remotos puedan en efecto rastrearse en la gran literatura picaresca del “Siglo de oro español”, cuyos ejemplos más reconocidos serían “El Lazarillo de Tormes” y “Guzmán de Alfarache”, de Mateo Alemán, el héroe “piporresco”  siempre quiso hacer suyo el carácter de la gente del Norte de México hasta volverlo un estereotipo y, más que eso, un arquetipo, es decir, un modelo original y primario del que pueden desprenderse otros modelos.

Y como notable ejemplo de ello estaría el caso de “Ruletero a toda marcha” (Rafael Baldedón, 1962), en la que el simpático “Crisóstomo”, obviamente encarnado por Eulalio González, oriundo de “Perros Bravos”, Nuevo León, debe emigrar a la capital del país para trabajar como taxista a fin de ahorrar el dinero que le permitirá casarse con su guapa novia, interpretada por María Duval. Hasta los confines mismos de las calles y edificios de la entonces pujante ciudad de México lleva “El Piporro”  su hablar y acento norteño, esto a más de algunas de las costumbres familiares y sociales digamos características de esa región. Cierto que la película evoca muchos elementos convencionales y debe mucho al notable caso de “Confidencias de un ruletero”  (1949), una de las mejores epopeyas urbanas de Alejandro Galindo protagonizada por Adalberto Martínez “Resortes”. Pero en “Ruletero a toda marcha”,  Baledón y “El Piporro” acometen una vuelta de tuerca y deja buen testimonio sociológico de la emigración del campo a la ciudad en una época en la que ese fenómeno estaba en su esplendor como resultado de la llamada “modernidad” puesta en marcha cuando menos dos décadas atrás a la fecha de la realización de ese filme. Aprovecho la ocasión para señalar aquí el notable caso de Mosca, documental de Bulmaro Osornio Morales, egresado del CCC, cinta estrenada el año pasado en marco del Festival de Cine de Guadalajara y que viene a cuento por ser el retrato de la vida de un taxista viudo que opera en la zona “conurbada” de la ciudad de México y que en varios sentidos resulta una versión corregida, aumentada y puesta al día de “Confidencias de un ruletero” y de “Ruletero a toda marcha”, precisamente.


EULALIO GONZALEZ JUNTO A MARIA FÈLIX


A mi peculiar entender, las cintas más significas del “Piporro”, en tanto que muestran al personaje en plenitud de atributos cómicos, costumbristas, cantarines y gestuales, son “El padre Pistolas”, “Ruletero a toda marcha”,  “El terror de la frontera”, “El rey del tomate”, “El bracero del año” (esto a pesar de hacer muy evidentes sus deudas con la ya referida “Espaldas mojadas”, cosa que era de esperarse), “Los tales por cuales” (esto pese a que en muchos momentos su trama remitiera a  la de “La oveja negra”, la excelsa película de Ismael Rodríguez protagonizada pro Fernando Soler y Pedro Infante), “El tragabalas”, “Alias El Rata”,  “El pistolero desconocido” y “Las cenizas del diputado”, citadas en el estricto orden en el que fueron filmadas. En la mayoría de tales cintas, y esto les otorga un valor extra, el cómico despliega con su singular enjundia una serie de canciones, algunas de ellas bailadas por él solo o con pareja en diversos momentos de las respectivas historias, que ya son clásicos de toda una tendencia de la música popular mexicana de la segunda parte del siglo pasado: “Natalio Reyes Colás”,  “El corrido de Agustín Jaime”, “Los ojos de Pancha”, “El taconazo”, “El muchacho alegre”, “Llegó borracho el borracho”, “El ojo de vidrio” y “Chulas fronteras” (que inspiró el título y contenido de un mediometraje documental filmado en 1976 por el reconocido cineasta estadounidense Les Blank), en este caso mencionadas en el orden de mi preferencia personal.  
EULALIO GONZALEZ, JUNTO A ROSITA QUINTANA, DAVID REYNOSO Y UN CABALLERO

Desde “El rey del tomate”, realizada en 1962 por Miguel  M. Delgado, Eulalio González comenzó a participar en la elaboración de argumentos, guiones y diálogos de las cintas por él protagonizadas. Esa actividad, que podemos considerar muy significativa porque a través de ese tipo de colaboraciones el cómico también pudo dejar su impronta en buena parte de sus películas estelares, le permitiría convertirse en “autor completo” de al menos una cinta: la ya citada “El pocho”. En cine se entiende por “autor completo” a aquel en el que de manera más o menos conciente alguien se apropia de una buena parte de los rubros creativos de un filme que, como en este particular caso, comprendieron la producción (a través de la empresa Raza Films), la elaboración del argumento y el guión, la realización, la actuación protagónica y hasta la composición de algunas de las canciones interpretadas y bailadas a lo largo de la trama por el mismo Piporro.  




En lo que se refiere a la dirección de películas actuadas  (y en algunos casos escritas) por ellos mismos, ya otros cómicos mexicanos habían precedido a don Eulalio. Tales fueron los casos de Enrique Herrera con “Los apuros de Narciso”, filmada en 1939;  de Carlos Orellana (con 16 cintas filmadas entre 1941 y 1959) y de Joaquín Pardavé (con 22 cintas filmadas entre 1942 y 1954). Todo indica que con “El pocho”, y luego de varios desacuerdos con los productores, el cómico norteño quiso independizarse plenamente para hacer un cine más acorde al concepto que él tenía de su personaje y, según declaró al diario Novedades aparecido el 18 de julio de 1969, en ese empeño hasta había hipotecado su casa y buena parte del resto del patrimonio familiar. De ahí que le urgiera que la cinta se estrenara lo antes posible, cosa que ocurrió el 5 de noviembre de 1970 en el cine Mariscala. Pero, a más de los defectos que suelen acusar la gran mayoría de las Óperas Primas, la cinta resultó demasiado apagada a las convenciones que el cine nacional había venido forjando sobre los mexicanos emigrados a los Estados Unidos, con el agravante de que su realización coincidió con el surgimiento del combativo cine chicano a través de la cinta “I’am Joaquín”, de Luis Valdez, hecha en el mismo año de 1969. El simple cotejo entre ambos filmes resultó muy desfavorable para el trabajo de “El Piporro” al grado de que “El Pocho” padeció el total rechazo por parte de diversas organizaciones chicanas que calificaron a la obra de discriminatoria justamente por  mirar a los mexicanos exiliados en los Estados Unidos como “bobos” y “ciudadanos de segunda”, reciclando con ello las viejas ideas racistas y sexistas contra México propagadas hasta el cansancio por el cine hecho en Hollywood. Por desgracia para “El Piporro”, esas organizaciones tenían razón. No es de extrañar entonces que el cómico, vetado por los productores mexicanos por su osadía de filmar una película un tanto al margen de la estructura industrial,  y al mismo tiempo rechazado por buena parte del público chicano al que su película iba destinada, tuviera que retirarse varios años  del medio fílmico,  hasta que fue rescatado por Roberto Gavaldón para protagonizar “Las cenizas del diputado”,  cinta producida por Conacite Uno, una de las empresas creadas durante el régimen de Luis Echeverría para tratar de rescatar a la industria cinematográfica nacional de la crisis que se venía arrastrando desde hacía buen tiempo. 



PEDRO INFANTE CON SARA MONTIEL, Y EULALIO GONZALEZ

Mientras “El Piporro” desarrollaba la mejor etapa de su carrera, otros cómicos como Mauricio Garcés, Eduardo Manzano y Enrique Cuenca (“Los Polivoces”), Javier López Chabelo y Alfonso Arau ya sin Sergio Corona, también incursionaron con diversa fortuna en el medio cinematográfico. Incluso Arau filmó en 1969, mismo año de la producción de “El pocho”, su primera cinta como “autor total”: “El Águila Descalza”, aunque en este caso no la produjera ni musicalizara. Y en 1970 se daría el caso de que el ya apare entonces veterano Germán Valdés “Tin Tan” también se inició en calidad de “autor total” (sin creación de la música) con “El Capitán Mantarraya”, pero al igual que “El Piporro” con “El Pocho”, sería debut y despedida en ese rubro. 


Como ya apuntamos, “El fayuquero” (Miguel M. Delgado, 1978), que resultaría la última película protagonizada  por “El Piporro”, fue estrenada en ocho salas de la ciudad de México y logró permanecer  durante 6 semanas. Eso quería decir que el cómico neoleonés todavía conservaba algo de su anterior fama y prestigio. Pero la realidad era otra. La cinta acusaba la plena decadencia física y el desgano tanto de su director como de su actor principal, ahora metido en líos de venta de artículos de contrabando en el mero barrio de Tepito. Y sobre todo era un lamentable ejemplo de cine en sí y por sí mismo adocenado. Ya para entonces el género de la comedia era dominado por figuras albureras y erotómanas como Alfonso Zayas, Rafael Inclán, Luis de Alba, Alberto “El caballo” Rojas, Roberto “Flaco” Guzmán, Eduardo de la Peña (también conocido como “Lalo el Mimo”), Pedro Weber “Chatanooga”, Sergio Ramos “El comanche” y Carmen Salinas “La corcholata”,  o por cultivadores y exponentes de un cine cómico “para familias”: María Elena Velasco (“La india María”, en sí misma todo un caso de impacto en taquilla) y Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, que protagonizó “El Chanfle”, financiada por la empresa Televicine, filial de Televisa, una de las cintas de mayor éxito comercial de aquella época.  




Pese a ello, “El Piporro” mantuvo sus vínculos con el medio fílmico como actor secundario de nueve películas filmadas a lo largo de la década de los ochenta. Si algo puede resaltarse de esta última etapa en la singular, significativa e importante carrera fílmica del “Piporro” tal sería su breve pero jocoso papel en “Hermelinda Linda”, la nada despreciable sátira filmada en 1983 por Julio Aldama a partir del cómic homónimo sobre las andanzas de una bruja de la mal afamada colonia Bondojito.. Y sobresalen también las tres intervenciones de don Eulalio en otras tantas cintas protagonizadas por Vicente Fernández y dirigidas por Rafael Villaseñor Kuri entre 1985 y 1987: “El diablo, el santo y el tonto”; “El macho y Entre compadres te veas”. Esa trilogía ya no fue tan taquillera como sí habían resultado otras cintas “estelarizadas” por “Chente” Fernández (sobre todo “Picardía mexicana”), pero tampoco pueden considerarse como fracasos comerciales. También puede ser digna de rescate la última aparición fílmica del cómico, esto al lado de los muy populares “Tigres del Norte”,  en el mediocre filme “Ni parientes somos” (también titulada “Contagio de amor”), realizada por Sergio Véjar en 1990. Pero ya para entonces la gloria había quedado muy atrás y es muy probable que a las nuevas generaciones de espectadores el nombre de Eulalio González les dijera muy poco.


ROSITA FORNES, ADALBERTO MARTINEZ "RESORTES" Y EULALIO GONZALEZ


Sabemos que ya en la década de los noventa, don Eulalio comenzó a ser objeto de homenajes y reconocimientos, entre ellos la entrega de la “Medalla Eduardo Arozamena” por parte de la ANDA para reconocer sus cincuenta años en el medio artístico. Y el 1 de septiembre de 2003 falleció de un infarto al miocardio en su casa de Monterrey. Tenía 82 años de edad y se dijo que había cumplido una vida pletórica en buenos momentos. Para cerrar este apresurado pero espero interesante recuento de la trayectoria cinematográfica de  don Ricardo Eulalio González Ramírez digamos que acaso el principal mérito del singular y emblemático actor cómico es haber alcanzado, palmo a palmo, un lugar consagratorio dentro de la mejor tradición del cine popular mexicano, lo cual, sin duda,  no es poca cosa.



ANECDOTAS

... A mí me pasó lo mismo que a Ben Kingsley cuando actuó como Gandhi: la película en la que participó después de ésa, le tuvieron que poner "Gandhi" abajo de su nombre, pa' que la gente lo reconociera. Lo mismo me pasaba a mí, yo tenía 27 años y hacía de un hombre maduro, cuando me presentaban como Eulalio González, nadie sabía quién era, hasta que decían "pos es el Piporro, el que salió con Pedro Infante, es buen muchacho, de muy buenas familias"... tenían que ponerme una bola de cartas de recomendación. Y es que los personajes que yo hice al principio, cuando estaba chavo, fueron de viejón; y ora que estoy viejón, la hago de chavo. Lo que sí esta difícil es hacerla de niño prodigio, porque ya no puedo.

... Yo lo que traté de hacer fue la diversificación del personaje; muchas veces me presentan como el artista de la música norteña y yo no soy el artista de la música norteña. La música norteña existía antes, existe y existirá. Yo fui una variación de la música mexicana.


... Yo tenía un chiste de cajón que siempre hacía: sacaba la pistola y le jalaba al gatillo, pero no pasaba nada, entonces la gente me abucheaba y yo les decía: "No sé por qué no dispara, la compré en Monterrey". Y es eso, es no darle importancia, es reírte de ese tipo de cosas. Antes persistía la costumbre en algunos cantantes que, en sus presentaciones, llevaran pistola. La gente les gritaba "que eche bala", así se divertían algunos, con un sentido más simplista. Una vez, allá con los güeros, me querían quitar la pistola, me dijeron "si usted es cantante, ¿para qué trae pistola?" y yo les contesté muy serio "es que a muchos no les gusta cómo canto".



LO ULTIMO
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes impulsó en diciembre de 2011, la publicación del volumen "Eulalio González Piporro: Homenaje", en honor de quien es considerado uno de los comediantes más influyentes en la historia del cine mexicano. 

El volumen, coeditado con la Dirección General de Publicaciones de Conaculta, la Cineteca Nacional y La Caja de Cerillos Ediciones, reúne a un nutrido grupo de artistas y literatos quienes plasman en sus textos breves escrutinios a la vida y obra del querido actor.

GALERIA DE FOTOS:














OSCAR PULIDO, EULALIO GONZALEZ, PEDRO INFANTE Y DOÑA EMMA ROLDAN


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CORTESIA DE KHRISCORZAR "SOMOS CINE MEXICANO"




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RITA MONTANER 
"LA ÙNICA"
(1900-1958)



Rita Montaner es el nombre artístico de Rita Aurelia Fulceda Montaner y Facenda (*Guanabacoa, 20 de agosto de 1900 - ? La Habana, 17 de abril de 1958). También conocida como La Única, fue una de las más grandes artistas cubanas, incursionó en el teatro, la radio, el cine y la televisión alcanzando notable éxito nacional e internacional.

RITA A LOS 29 AÑOS DE EDAD

Cantante lírica y popular, pianista y actriz de radio, cine y televisión, Rita Montaner (1900-1958), disfrutó el privilegio de cantar obras de los más importantes compositores de su época como Eduardo Sánchez de Fuentes, Jorge Anckerman, Sindo Garay, Eliseo Grenet y ser acompañada a veces al piano por Gonzalo Roig, Rodrigo Prats y Ernesto Lecuona.

El compositor Moisés Simons le entregó "El manisero" para su estreno, y ella la convirtió en una de las más populares creaciones de su repertorio, que paseó con resonante éxito por los más importantes escenarios de América Latina, Estados Unidos y Europa.

Artistas que la conocieron afirman que la personalidad de Rita Montaner fue "tan carismática, irreverente, temperamental y abarcadora" que incluso llegó a implantar detalles de moda como un peinado o el modo de anudar un pañuelo.

De resaltar lo que significó Rita Montaner para la cultura cubana se encargó este jueves el presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el escritor Miguel Barnet, quien recordó que no hubo tan sentido ni tan masivo entierro como el de la artista, y afirmó que quedó "perplejo" tras conocer pormenores de su carrera.

"Ella fue realmente heroica porque venció muchas barreras, muchos valladares", dijo el intelectual en referencia a prejuicios raciales y de género a los que se impuso durante su trayectoria que calificó de "extraordinaria".

Rememoró el sobrenombre de "La Única" o "Rita de Cuba" que le atribuyeron y con tono emocionado afirmó que "será siempre la más grande artista del arte interpretativo cubano".



"Lo estrenó todo, sones, guarachas, pregones, fundó, creó, inauguró el teatro musical, en 1927, con la pieza clásica "Niña Rita", de Eliseo Grenet y Ernesto Lecuona, apuntó, y destacó también que fue intérprete de canciones populares como "Mamá Inés" y de óperas como "La Médium", del italiano Gian Carlo Menotti.

Barnet catalogó a Montaner como pianista de primera línea, compositora, admirada por las grandes figuras de la cultura de la isla, que contribuyó "a fundar la nación cubana", porque "los artistas y los escritores -no solo los políticos- también contribuyen con su arte a fundar la nación".



 Rita estudió piano y otras disciplinas en el Conservatorio “Peyrellade” de la capital cubana, centro en el que se graduó a los 13 años de edad con Medalla de Oro. Sin embargo, no sería el piano donde habría de manifestarse el talento de la Montaner. Y en este punto voy a citar un fragmento de la crónica escrita por Alejo Carpentier en 1958, en el diario caraqueño El Nacional.
“En el año 1923, una tímida cantante se presentaba al público, por vez primera, en la pequeña Sala Falcón de La Habana. Su programa era el de todas las principiantes, o sea, un poco de renacimiento italiano para demostrar algún dominio de los clásicos; algún lied alemán, una romanza francesa y una melodía de Tosti para alardear de conocimiento de idiomas. Y, para terminar, la debutante incluía distintas arias de ópera, en espera de que el éxito logrado con las más conocidas páginas de Verdi o de Puccini pudiera, ¿quién sabe?, servir para la conquista de la clásica beca que, después de algunos años de oscuros estudios en Italia, permitiera declarar al periodista local, encargado de entrevistar a la compatriota el día de su regreso: “¡Yo he triunfado en La Scala de Milán!”. Y aunque en verdad eso nunca ocurrió, Carpentier continúa así su comentario periodístico:
“Transcurrieron cinco años, y en la sala recién remozada del Molino rojo, se iniciaba una temporada de operetas y zarzuelas cubanas, bajo la égida de los mejores especialistas del género. Nombres como los de Ernesto Lecuona, Moisés Simons, Eliseo Grenet, Rodrigo Prats, Gonzalo Roig y otros (…)
Y si bien es cierto que en aquella temporada se presentaron obras primorosas por el ingenio de los libretos y la excelente calidad de lo que sonaba en el foso de la orquesta, no cabe dudas de que la gran revelación de esos días fue la arrolladora personalidad de Rita Montaner, quien en el repertorio recién creado se afirmó rápidamente como una intérprete difícil de igualar. Rita había abandonado sus aspiraciones primeras, renunciando al concierto y a la ópera, para poner su auténtico talento al servicio de la música popular de Cuba”.

“Dotada de un sentido rítmico fenomenal, continúa el escritor Alejo Carpentier, y manejándose con garbo y soltura, Rita sabía muy bien hasta dónde podía valerse de los recursos adquiridos con el estudio del canto. Ella, que era capaz de solfear como pocos, tenía un instinto particular para estar dentro y fuera de la música interpretada. El compositor Gilberto Valdés, por ejemplo, encontró en ella la voz ideal para sus pequeñas páginas afrocubanas que, dentro de su brevedad, eran perfectos logros. Y si lo afrocubano había sido muy mal visto hasta entonces por ciertos músicos empeñados en negar valor a esa aportación folclórica, Rita Montaner contribuyó, en mucho, a destruir el absurdo prejuicio”.
“Y, a medida que pasaban los años, continúa Carpentier, su voz adquiría en elocuencia, en poder de expresión, aquello que el tiempo le restaba en frescor… Es probable, reflexiona el novelista, que la máquina trituradora de talentos que es la radio, la haya llevado a prodigarse demasiado, poniendo su personalidad al servicio de emisiones más o menos mediocres. Pero Rita era Rita, finaliza Carpentier, y la Rita de Ogguere, de Negro bembón, de Chivo que rompe tambó, se resolvió a asombrar a quienes tal vez la creyeron próxima al ocaso. Y volviendo a la partitura seria, Rita se dio a interpretar una ópera de Gian Carlo Menotti con tal dominio de sus medios, con tanta autoridad y fuerza dramática, que el acontecimiento tuvo, para muchos, el valor de una revelación tardía. Rita Montaner desafiaba magníficamente el paso de los años, mostrando que nada había perdido de su personalidad. 






CON SU ENTONCES,PEQUEÑA HIJA
RITA EN EL CINE
1. La noche del pecado: 1933. Melodrama dirigido por Miguel Contreras Torres, en los estudios México Films. Intervino brevemente en una de las escenas musicales.

2. Sucedió en La Habana: 1938. Primera película sonoro-musical de PECUSA (Compañía de Películas Cubanas S.A.) dirigida por Ramón Peón. Se le confirió un tercer papel, tomando en cuenta su categoría cómo mejor intérprete de la música afrocubana.
3. El romance del palmar: (Cuba ,1938).Todo un éxito de taquilla, donde desempeñó un rol protagónico y se destacó como cantante y pianista. Dirigida por Ramón Peón.

4. Romance musical: (Cuba, 1942), dirigida por Ernesto Caparrós. Tuvo una actuación especial con un breve número musical.

5. María la O: 1948. Coproducción cubano -mexicana dirigida por Adolfo Fernández Bustamante, inspirada en la zarzuela cubana del mismo nombre, con argumento de Gustavo Sánchez Galarraga y música de Ernesto Lecuona. Le correspondió el papel principal, con una actuación especial.
6. Angelitos negros: (Cuba-México), 1948. Argumento y dirección de Joselito Rodríguez. Los roles estelares estuvieron a cargo de Pedro Infante, Emilia Guilú y Rita Montaner. Por su desempeñó histriónico en la cinta, la Federación de Redactores Cinematográficos, la seleccionó como la Actriz del Año.
7. Ritmos del Caribe: Coproducción cubano-mexicana, dirigida por Juan J. Ortega, con música de Gonzalo Curriel, donde predominó el mambo.

8. Víctimas del pecado: Su director Emilio (Indio) Fernández, y la fotografía de Gabriel Figueroa, dos de las principales figuras de la Época de oro del cine mexicano., con mambos y boleros de Pérez Prado, Rita Montaner cantó.

9. Al son del mambo: dirigida por Chano Urueta, con Dámaso Pérez Prado, su gran orquesta y su nuevo ritmo sentando plaza en México. Rita tiene una intervención especial.

10. Anacleto se divorcia: dirigida por Joselito Rodríguez. Rita actúa, en el tercer papel, mostrando en su personaje su innata vis cómica, además cantó, bailó y tocó el piano magistralmente.

11. Negro es mi color: México, dirigida por Tito Davison y rodada en los Estudios Aztecas. Su actuación fue considerada como la más loable dentro del filme, tanto es así que le valió una nominación a los Premios ARIEL.

12. La renegada: Cuba, 1951, dirigida por Ramón Peón. Rita hace el papel de Micaela, la Chismosa del pueblo, prolongación en pantalla de un su célebre personaje radial.

13. La única: Dirigida por Ramón Peón. El personaje protagónico fue concebido, expresamente, para la genial artista y sería esta su última actuación.

 





En los próximos años, hasta su muerte en 1958, Rita siguió una vida activa como artista multifacética, interviniendo en la radio, televisión y el teatro, pero no volvió a incursionar en el cine, motivado fundamentalmente a que no existía una verdadera industria nacional de este arte ya que no se le reclamó para esto, sus últimas actuaciones teatrales a enferma— en las obras La Médium y Fiebre de primavera fueron brillantes y pudieron quizá haberse llevado al cine, de haberse extendido su valiosa vida unos años más. Queden para las nuevas generaciones, las pocas películas existentes de las realizadas en Cuba y algunas que quizá pudieran recuperarse de su filmografía mexicana. Es necesario que muchos jóvenes conozcan quien fue Rita Montaner, símbolo del Arte Cubano de medio siglo. 



MUERTE DE RITA MONTANER

UNA DE LAS ULTIMAS FOTOS DE RITA MONTANER

la muerte de Rita Montaner, el 17 de abril de 1958. Una ola de dolor recorrió el país de extremo a extremo y todos los canales de la televisión nacional, incluido el espacio de Gaspar Pumarejo, a quien Goar Mestre, por viejas rencillas, quiso excluir del duelo, suspendieron sus programaciones habituales para rendir tributo a la artista todavía insepulta.

El deceso se vio precedido de las noticias acerca de su enfermedad y la intervención quirúrgica a la que la sometieron para prolongarle la vida, y por aquella dramática colecta con la que, bajo el lema de “Un centavo para Rita”, quiso el pueblo cubano sufragarle el tratamiento médico.
En el Hospital Curie, actual Instituto de Oncología, y con el pañuelo de cáncer ya en el cuello, la revista Bohemia le había hecho un reportaje gráfico, y ella, herida de muerte, intentó sonreír para  aquellas fotos. Todo había transcurrido demasiado rápido. Apenas tenía 58 años. Poco antes, quedó sin voz durante una representación teatral y gracias a los remedios que le aplicaron sus compañeros pudo volver a escena y concluir la puesta.

ALGO CURIOSO
Treinta años antes, a fines de los 20, en el Palace, de París, tocó a Rita suplir a Raquel Meller, aquejada de una rara e  inesperada afonía. Nació con un lunar en la frente como un designio que nadie, en su momento, se atrevió a descifrar. Y a lo largo de su vida, dice Miguel Barnet, un diablito de candela rondó siempre a su espalda. Un diablito que terminaría por jugarle una mala pasada

GALERIA DE FOTOS DE RITA MONTANER








DE DERACHA A IZQIERDA ESTA RITA JUNTO A ELLA, LA ACTRIZ ARGENTINA NINI MARSHALL
UNA DAMA (desconozco su nombre) LA ACTRIZ AREGENTINA LIBERTAD LAMARQUE Y OTRA DAMA (desconozco su nombre)




RITA CON EL GRAN ACTOR Y  DIRECTOR CARLOS  ORELLANA
EN LA CINTA "ANACLETO SE DIVORCIA"


RITA JUNTO A LA BAILARINA CUBANA AMALIA AGUILAR
ESTATUA DE RITA MONTANER

ESTATUA EN HONOR A RITA MONTANER
La escultura de cera de tamaño natural, fue develada por Miguel Barnet, presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, quien destacó las excelentes cualidades artísticas y humanas de la famosa actriz y cantante cubana.

Con un vestido negro y su eterna sonrisa, la figura de Rita Montaner (1900-58), en la cual se emplearon casi 60 kilos de cera, extiende el brazo, como pidiendo aplausos para el pianista acompañante Bola de Nieve.



MUSICAL 
RITA CANTA EL MAMBO  "MEXICO LINDO"


ENLACE:


CORTESIA DE KHRISCORZAR "SOMOS CINE MEXICANO"